Sultan Abdulhamid II

mayo 23, 2013 6:44 pm2 commentsViews: 243

 

“Allah les ha prometido a los que de vosotros crean y practiquen las acciones rectas que les hará sucesores en la tierra como ya hiciera con sus antepasados y que les reafirmará la práctica de Adoración que tienen, que es la que Él ha querido para ellos y que cambiará su miedo por seguridad. Me adorarán sin asociarme nada. Quien reniegue después de eso… Esos son los descarriados” (Surat an-Nur: 55).

 

No cabe duda de que su Majestad el Sultán Abdulhamid II Jan, Ghazi, Emperador de los Otomanos, Califa de los Creyentes, el Gran Hakam, debe ser considerado como uno de los grandes dirigentes del Islam. Su genio y heroísmo no se manifestaron en el campo de batalla sino más bien en la extraordinaria defensa política y espiritual del Din y de la Umma en una época llena de innovaciones, traiciones e intrigas políticas, una fase que tuvo su fin con el colapso político y abrió la puerta al interregnum en el que vivimos ahora. Representa un capítulo crucial, con frecuencia distorsionado, en la historia del Islam, que contiene in nuce las claves para comprender nuestra situación actual como musulmanes, además de dejarnos un legado y una responsabilidad.

La historia del Sultán Abdulhamid es en realidad la historia de la defensa del Califato y, en consecuencia, del Islam y de su gente.

El Sultán Abdulhamid subió al trono en una época de anarquía y malestar social en la que los Poderes Europeos fomentaban revueltas en los Balcanes y en las provincias de África y Arabia. Unos días en los que la lealtad de los pueblos musulmanes hacia el Califa se veía objetada en nombre del nacionalismo burgués y el tribalismo. Una época en la que los reformistas del Tanzimat habían tomado el control absoluto de la administración y del tesoro, relegando a los débiles sultanes a una vida surrealista llena de vicios y de lujos. La deuda pública había llegado a tener proporciones astronómicas en beneficio de los banqueros de Gálata y de una clase cosmopolita de financieros que accedía al poder de forma progresiva gracias a la deuda, no solo mediante la concesión de nuevos préstamos con intereses imposibles de pagar, sino con la imposición de reformas cuyo objetivo era erradicar las leyes fundamentales del Islam en el nombre de la modernidad.

Al verse enfrentado a una crisis de tales proporciones, el Sultán Abdulhamid, haciendo honor a su título de Califa, depositó su confianza en Allah y se mantuvo durante treinta años como un auténtico bastión ante las fuerzas mortíferas que habían envenenado el cuerpo del Dawlat. Izó el estandarte del Islam, se cubrió con el Burqa del Profeta, a quien Allah bendiga y conceda paz, se proclamó ghazi siguiendo el ejemplo de los primeros Sultanes Otomanos, y se dirigió a los musulmanes del mundo entero para pedirles ayuda. La Umma le tomó como guía, y el fez rojo Otomano se convirtió en un símbolo, no sólo de los turcos, sino también de los musulmanes de la India, Egipto, Marruecos, Malasia y Sudáfrica.

En consecuencia, es de suma importancia analizar la situación histórica y política que precedió a su llegada al trono en el año 1876. Esta introducción nos permitirá concentrarnos en la biografía del Sultán con el conocimiento necesario para apreciar el alcance de su misión histórica y espiritual. Esta introducción la dividiremos en dos partes:

1.     Política Exterior, que se ocupó de la llamada “Cuestión Oriental”, esto es, los problemas políticos y diplomáticos suscitados por la crisis del Imperio Otomano.

2.     Política Interior, dedicada a la Era Tanzimat o la Reforma.

1)     La Cuestión Oriental

La “Cuestión Oriental” surge cuando el poder del Imperio Otomano comienza a disminuir durante el siglo XVIII. Se dice que el inicio de la Cuestión Oriental fue el Tratado de Küçük Kaynarca (1774), que dio a Rusia la capacidad de influenciar y agitar a los vasallos cristianos del Imperio Otomano en la Europa del sudeste y la Anatolia oriental.

Necati Ulunay Ucuzsatar escribe lo siguiente:

“A finales del siglo XVIII, Occidente había sido testigo de un importante desarrollo en la ciencia y la tecnología. Al ignorar el progreso contemporáneo, el Imperio Otomano ya no podía defenderse ante el poder creciente de sus rivales europeos. Rusia había invadido Crimea, comenzaba a dominar los territorios otomanos del norte y se había establecido en el Mar Negro. Inglaterra, por su parte, tras haber ayudado a rechazar la invasión de Egipto liderada por Napoleón en 1798, se convertía en el único poder militar y comercial del Mediterráneo. Pero Rusia también quería conquistar los territorios otomanos de los Balcanes para conseguir acceso al Mediterráneo y al Medio y Lejano Oriente. En esos momentos, el Imperio Otomano estaba protegido de forma precaria por el equilibrio de los poderes europeos y, al haber perdido el control sobre sus países imperiales, se le comenzaba a llamar el “Enfermo de Europa”.

El Imperio Otomano, débil en lo militar y lo económico, era objeto de las ambiciones imperiales europeas. En el siglo XIX los que participaban en el gran juego de dominio mundial eran:

·      Rusia, que orientaba su expansión territorial hacia el Cáucaso y continuaba apoyando los movimientos nacionalistas de sus correligionarios griegos y eslavos en los Balcanes. Este respaldo fue definitivo a la hora de crear Estados independientes en los Balcanes.

·      Francia, que mantenía una política ambigua con el Imperio Otomano; intentaba detener su caída, pero su objetivo era impedir que Rusia e Inglaterra se llevaran una gran parte del botín. Para aumentar su propia influencia, Francia comenzó a interferir en los asuntos internos del Imperio Otomano apoyando a los maronitas y al gobernador rebelde de Egipto, Mehmet Ali.

·      El Imperio Austrohúngaro de los Habsburgo tenía una larga y común historia con el Imperio Otomano. El expansionismo de Rusia en los Balcanes y el temor a los movimientos nacionalistas y separatistas entre los pueblos eslavos hizo que los dos imperios mantuvieran una estrecha relación. El primero consideraba la conservación de Imperio Otomano y del status quo en los Balcanes algo absolutamente necesario para frenar los avances de Rusia en esas regiones.

·      Las relaciones comerciales y financieras entre la Gran Bretaña y el Imperio Otomano, aprobadas en la Convención Anglo-Otomana (1838), proporcionaron las bases económicas para el predominio diplomático inglés ante la Sublime Puerta en la era Tanzimat. Gran Bretaña tenía la idea de llevar el Imperio Otomano desde lo que consideraba una teocracia anticuada hacia una economía capitalista moderna. Esta visión mostraba dos objetivos en apariencia contradictorios: el deseo de apoyar e influenciar un Imperio Otomano reformado, como bastión frente a la expansión rusa, y la necesidad de explotar sus recursos económicos.

·      Alemania intentaba impedir, o al menos minimizar, cambios en la integridad territorial de los dominios otomanos, porque esos cambios beneficiarían a otros Estados.

Actuando para favorecer sus propios intereses estratégicos, los Grandes Poderes intentaban crear sus propias áreas de influencia en el Imperio Otomano declarando ser los protectores de vasallos cristianos determinados, al tiempo que apremiaban a la Sublime Puerta para que emprendiera una serie de reformas políticas.

2)     El Tanzimat

El primer Sultán que inició un programa de reformas basado en las directrices europeas fue Selim III (1789-1807). Al acceder al trono a la edad de 28 años, Selim emprendió el programa de reformas conocido como Nizam-ɪ-Cedid (1792-93), el Nuevo Orden. Este ferman muestra la transformación del Imperio Otomano en un Estado absolutista moderno en el que se establece un ejército al estilo occidental con fondos autónomos, Irad-ɪ Cedid (nuevos ingresos). Con el tiempo, los jenízaros declararon que las reformas eran bidah y respaldados por el Shayj ul-Islam se alzaron en armas. Derrocaron (y luego asesinaron) a Selim III, al que reemplazaron con su hermano Mustafa (1807-08). Un año después, y tras un sangriento conflicto, Mustafa fue derrocado por partidarios de Selim que pusieron en el trono a su sobrino Mahmut II (1809-39). Habiendo aprendido de la experiencia de Selim III, Mahmut II preparó con sumo cuidado sus reformas militares estableciendo alianzas con las instituciones religiosas y militares otomanas. En 1826, cuando los jenízaros volvieron a sublevarse contra sus reformas, el Sultán estaba preparado: un cuerpo de artillería moderna de unos 12.000 hombres destruyó e incendió los barracones de los jenízaros y mató a más de 6.000. En la persecución posterior murieron muchos más. El sábado 18 de Junio de 1826 el cuerpo militar de los jenízaros era abolido.

Según comenta Shayj Dr. Abdalqadir as-Sufi:

“Tuvieron que desembarazarse de un ejército concebido para el ŷihad para dar paso a un ejército concebido para la economía que mataría al ser ordenado, sin consideraciones de tipo moral ni reclamando el derecho al botín (ghanam). Así fue cómo fueron eliminados los jenízaros junto son su tariqa sufi, los Bektashis. No fueron reformados, no se depuraron los errores; fueron eliminados de raíz y sus líderes asesinados. Europa comenzaba a sentirse más segura para asestar el golpe mortal. (…) Con los jenízaros dispersos y asesinados, Mahmut comenzó a formar una Guardia Imperial basada en el modelo europeo. Los Imams del ejército ya no eran nombrados por el Shayj al-Islam, sino por el director de la Biblioteca Imperial. (…)

Mahmut introdujo el francés y un sistema de gobierno municipal más burocrático. La administración central comenzó a socavar a los gremios como ejemplos de moralidad, a los Imaret como organismo de servicio social y a los Millets que protegían a las minorías frente a la discriminación. Estableció una partición en el sistema educativo poniendo las ciencias a un lado y los estudios islámicos al otro. Nadie parecía darse cuenta de que estaban dando su apoyo a un nuevo din de acciones, obligaciones y una economía de números”.

Al sobrevenirle la muerte en el año 1839, el Sultán Mahmut no vivió para ver introducidas sus reformas. Su hijo y sucesor, Sultán Abdul Maŷid, recibió este legado e inició la era Tanzimat.

La aplicación del sistema burocrático occidental tuvo efectos catastróficos, al reducir prácticamente a la nada, el papel del Sultán en favor del Palacio.

“Tras su desastroso reinado (el de Mahmut), Abdalmecit I y Abdalaziz, los dos sultanes posteriores, no fueron más que unos ‘don nadie’ cuya función era estampar el sello en las órdenes de los visires y los parlamentos. Durante la inestabilidad del Tanzimat (1839-1876), hubo 39 Grandes Visires, 33 Ministros de Asuntos Exteriores, pudiendo verse que un puesto determinado volvía a ocuparlo hasta diez veces la misma persona”.

El objetivo verdadero del Tanzimat, un periodo que comenzó en 1839 y finalizó en 1876 con la Primera Era Constitucional, era la integración de los territorios otomanos en el mercado mundial dominado por Occidente, un proceso que propició la aparición de nuevas tendencias reformistas entre los hombres de la religión y los burócratas educados en Europa, algo que llegó a conocerse como la Salafiyya. Eran una copia de las ideas liberales de la Revolución Francesa que glorificaba los derechos individuales y de la humanidad en oposición a la Ley Divina y la Tradición. Las reformas eran concebidas como la salvación del Imperio Otomano mediante la imposición de fuerzas modernizantes y nacionalistas. Se pidió a los Poderes Europeos que supervisaran su aplicación en el caso de que el Sultán se negara a ello. Para conseguirlo, el primer paso fue transformar la identidad del ser humano. En el Dawlat Osmanli, esta identidad estaba definida de forma tradicional a partir de una base confesional basada en el sistema de la millet que defendía un Estado multireligioso, multiétnico y multinacional, una política que garantizaba la supremacía del Din del Islam. El objetivo de la Reforma era la creación de un “ciudadano” que formaba parte de una entidad territorial, de una Nación-Estado: “Musulmán y no-musulmán, turco y griego, armenio y judío, kurdo y árabe”. Para conseguirlo, la ley islámica tuvo que ser desplazada en favor de la ley secular. Esta “igualdad”, hija de la “Égalité” de la Revolución Francesa y semilla de lo que iba a ser la ideología de los “Derechos Humanos”, era el nuevo arma que se iba a utilizar para destruir la unidad de los musulmanes, para incitar rebeliones y fitnas, para permitir el acceso a recursos de vital importancia, ante todo el petróleo, para desmantelar el sistema de las awqaf  y los gremios en favor de una forma de producción capitalista basada en el sistema bancario, además del necesario establecimiento de un nuevo modelo económico, social y político conforme a los intereses de la oligarquía banquera que controlaba los Estados Europeos de la época.

En palabras de Shayj Dr. Abdalqadir as-Sufi:

“El acontecimiento que supuso la extinción de la ‘Umma-Imperio’ puede contemplarse desde dos ángulos esclarecedores:

·      Uno: El triunfo de lo que se llamaba modernidad o valores europeos.

·      Dos: La erosión y abolición del sistema de valores islámicos.”

Una sencilla comparación entre la cronología de los acontecimientos históricos y los desarrollos políticos contemporáneos ocurridos en el interior del Dawlat Osmani, revela que todas las reformas fueron impuestas por fuerzas externas, principalmente las elites financieras cosmopolitas, con el respaldo activo de los burócratas que controlaban la Sublime Puerta y los Sultanes.

Las reformas principales comenzaron con el ferman, o decreto imperial, promulgado por el Sultán Abdülmecid en Noviembre de 1839, llamado Rescripto Imperial Gülhane (Gülhane Hattı Hümayunu), que siguió a la intervención francesa y británica en la Segunda Guerra de Egipto. El Rescripto Imperial Gülhane, destinado a reformar la estructura administrativa del Estado, se concentraba en las reformas económicas. Durante esa época se prepararon las primeras normas presupuestarias modernas, se suscribieron los primeros préstamos con capital extranjero y se inició una política económica liberal.

Un segundo decreto reformista, el Rescripto Imperial de Reformas (Islahat Ferman), fue proclamado en 1856, posterior a la Guerra de Crimea (1853–56), y pretendía servir los intereses de los Poderes involucrados en la misma.

En el documento de 1839, el Sultán declara que desea “obtener los beneficios de una buena administración en las provincias del Imperio Otomano valiéndose de nuevas instituciones”, algo que implicaba lo siguiente:

·      La introducción de los primeros billetes de banco otomanos (1840).

·      Apertura de las primeras oficinas de correos del Imperio (1840).

·      Reorganización del sistema económico basado en el modelo francés, con el nombramiento de recaudadores de impuestos asalariados y un sistema burocrático. (1840).

·      Establecimiento del Meclis-i Maarif-i Umumiye (1841), prototipo del Primer Parlamento Otomano. (1786).

·      Abolición la pena de muerte por apostasía del Islam. (1844).

·      Reorganización del ejército con un método definido de reclutamiento, sometido a impuestos y con una duración determinada del servicio militar (1843-44).

·      Adopción de un himno nacional otomano y de la bandera nacional otomana (1844).

·      Primer censo de la nación otomana (exclusivo para varones).

·      Establecimiento de un Consejo de Enseñanza Pública (1845) y de un Ministerio de Educación (1847).

·      Abolición de la esclavitud y del comercio de esclavos. (1847).

·       Establecimiento de las primeras universidades occidentales (darülfünun, 1848), academias (1848) y Escuelas de Magisterio (darülmuallimin, 1848).

·       El Código de Comercio (1850).

·       Establecimiento de la Academia de las Ciencias (Encümen-i Daniş, 1851).

·      Primeros tribunales al estilo europeo (Meclis-i Ahkam-ı Adliye, 1853) y del Consejo Judicial Supremo (Meclis-i Ali-yi Tanzimat, 1853).

·      La llamada “Hatt-ı Hümayun de 1856”, que prometía la igualdad legal plena para los ciudadanos de todas las religiones. (1856).

·      Abolición de la Ŷizya sobre los no-musulmanes (1856).

·      Reclutamiento militar para los no musulmanes. (1856).

·      Las fábricas sustituían a los gremios.

·      Establecimiento del Banco Central Otomano (originalmente establecido como el Bank-ı Osmanî en 1856 para luego ser reorganizado como el Bank-ı Osmanî-i Şahane in 1863), y del Mercado de Valores Otomano (Dersaadet Tahvilat Borsası), establecido en 1866.

·      Código Agrario (Arazi Kanunnamesi) (1857).

·      Autorización de editoriales e imprentas del sector privado (Serbesti-i Kürşad Nizamnamesi). (1857).

·      Despenalización de la homosexualidad. (1858).

·       La llamada “Ley de Nacionalidad” de 1869 con la que se creaba la ciudadanía común otomana sin tener en cuenta divisiones étnicas o religiosas.

Shayj Dr. Abdalqadir as-Sufi escribe:

“Todas las leyes fundamentales del Islam fueron barridas a un lado abriéndose las puertas al dominio kafir, la pobreza y el infortunio. Las tan pregonadas libertad, fraternidad e igualdad eran para una fuerza de ocupación, no para los musulmanes. Una vez abolida la ley de los dhimmis ya solo era una cuestión de tiempo el que se prohibiera rezar en yama’at a los soldados del ejército turco”.

Las reformas llegaron a su culminación en 1876 con la aplicación de una Constitución Otomana que recortaba los poderes autocráticos del Sultán.

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¡Oh mi Señor! Yo sé que Tú eres el Todopoderoso (Al-‘Aziz)

Y nadie sino Tú es el Poderoso.

Tú eres el Único, ninguna otra cosa.

Dios mío, tómame de la mano en estos tiempos difíciles

Dios mío, ayúdame en esta hora tan crítica.

Sultán Abdulhamid Jan

Abdülhamid II nació en el Palacio Topkapı de Estambul en el año 1842. Era hijo del Sultán Abdülmecid I y la Valide Sultan Tirimüjgan. A la muerte de su madre en 1852 se convirtió en el hijo adoptivo de una de las esposas de su padre, Valide Sultan Rahime Perestu.

Durante su niñez, el futuro Sultán “hablaba poco, prefería la soledad, parecía bastarse a sí mismo y demostraba tener un carácter y un espíritu totalmente diferente al de los demás pequeños sultanes. Si se miraba a Abdulhamid con los ojos de la verdad y la ecuanimidad, demostraba que una personalidad fuerte e independiente iba a surgir con el paso del tiempo”. Recibió una educación tradicional basada en el Corán, la Sunna del Profeta, a quien Allah bendiga y conceda paz, y en el madhhab Hanafi. Fue miembro de la tariqa Rifaiyya bajo la guía del gran Shayj Abul Huda as-Sayyadi y amparó al Shayj Zafir de la tariqa Shadhiliyya Madaniyya de Libia cuya tumba está cerca del Palacio Yildiz. En los años posteriores se convirtió en murid del Shayj Mahmud Abu ash-Shamat de Damasco.

En su juventud demostraba tener características poco frecuentes en un príncipe: “Sencillez, contentarse con poco y abstenerse de los lujos”. Era diestro con la espada, tenía gran maestría al disparar con pistola y le gustaba el ejercicio físico. Era también un lector apasionado y siempre le gustaba reflexionar sobre la historia. Le gustaba la carpintería como forma de esparcimiento.

En el año 1861 Abdulaziz accedió al trono tras la muerte de su hermano mayor. La crisis económica estaba en su punto álgido. Para pagar las deudas contraídas y encubrir la vergüenza que significó la introducción del papel moneda, se suscribió un préstamo con Londres de doscientos millones de francos. El Tesoro Público estaba tan mermado que no se podían pagar los intereses del préstamo ni los salarios de los funcionarios del Estado. Los únicos beneficiados de la miserable situación del Devlet eran los extranjeros y los agentes del los Poderes Occidentales, es decir, los banqueros de Galata que imponían condiciones escandalosas para tener el control de la Sublime Puerta y, en consecuencia, de toda la nación.

La lucidez espiritual y la sobriedad de Abdulhamid le permitieron librarse de las deudas, no sólo cuando era un joven príncipe, sino durante su reinado en los años posteriores. Esta es la razón de que sus enemigos le llamaran: “Hamid el avaro”.

En la primera década del mandato de Abdülaziz, reformistas tales como Mehmed Emin Âlî Pasha y Fuad Pasha siguieron introduciendo medidas de reforma en la administración central y provincial, en la ley, la economía, la educación y el ejército.

En 1867, el joven príncipe acompañó a su tío, el Sultán Abdülaziz, en un viaje por Europa. El Sultán fue recibido por Napoleón III en Francia, la Reina Victoria en Inglaterra, Leopoldo II en Bélgica, Wilhelm I en Alemania y Francisco José en Austria. Un biógrafo europeo escribía:

“Llevó a cabo su misión en París demostrando tener gran conocimiento e inteligencia. Todo el mundo pudo darse cuenta de cómo este joven era capaz de ocultar sus emociones al tiempo que se interesaba por todo lo que veía, algo que le proporcionaba una comprensión muy clara. Incluso después de treinta años, Abdulhamid podía recordar las calles que había visitado en París y los nombres de las autoridades que le habían sido presentadas”.

El constante pedir prestado para cubrir los intereses y el déficit, provocaron la crisis de 1875 en la que el Gran Visir Mahmud Nedim Pasha “se vio obligado a declarar una moratoria en la deuda de 200 millones de libras esterlinas que tenía la Sublime Puerta”. La consecuencia fue que los Grandes Poderes declararon al Imperio en bancarrota y nombraron a una Comisión Internacional para representar a los extranjeros poseedores de bonos del Imperio. Los impuestos injustos provocados por la falta de crédito instigaron la revuelta de las provincias de Bosnia y Creta y el posterior alzamiento de abril en Bulgaria. Los Grandes Poderes impusieron sus dictados temiendo una guerra sangrienta y desastrosa en los Balcanes. Gran Bretaña obligó el regreso de su sumiso agente, Midhat Pasha. Lo que siguió, fue el derrocamiento del Sultán Abdülaziz el 30 de Mayo de 1876 y su asesinato al mes siguiente. Su puesto fue asumido por el príncipe heredero Murad Efendi que había cooperado con los círculos constitucionalistas en la destitución de Abdülaziz y había prometido instaurar un gobierno constitucional. En el ínterin, el Príncipe Abdulhamid se retiraba a Maslak para reflexionar y observar la llegada de la gran conflagración.

Murad, el primer gobernante turco que había sido iniciado como masón, demostró ser incapaz de mantener su puesto; la debilidad de sus nervios, agravada por el alcoholismo, desencadenó una crisis nerviosa. Midhat Pasha y la elite otomana en el gobierno lo destituyeron el 31 de agosto de 1876 y prepararon el acceso al poder de su hermano menor, Abdülhamid II.

Ascensión al trono

La ceremonia de entronización tuvo lugar en el Palacio Topkapi. Lo primero que se hizo fue leer la fatwa que habla de la locura del gobernante: “¿Si el Imam de los musulmanes se vuelve loco pierde el Imamato?” Respuesta: “Allah sabe más, sí lo pierde”. A continuación, y cuando el Shayj al-Islam declaró la necesidad de dar el bayat al nuevo dirigente, toda la nobleza y las autoridades de alto rango obedecieron diciendo: “¡Tú eres nuestro Califa y nuestro Sultán!” Luego hubo tres días de celebraciones.

Tras la entronización, su primer acto político fue solucionar las cosas en su propia casa con la reducción de los gastos del Palacio. Los recortes al presupuesto consiguieron ahorrar ciento cincuenta mil monedas de oro cada mes.

En esta etapa inicial, el Sultán Abdulhamid adoptó una actitud cauta, observando y haciendo acopio de fuerzas. El poder real estaba todavía en manos de reformistas tales como Midhat Pasha y el Gran Visir Rüstü Pasha. Las condiciones que se imponían al Sultán eran proclamar la Constitución sin demora alguna y, en las cuestiones de Estado, consultar únicamente a las personas que ocupaban un puesto oficial.

Mientras tanto, la estrategia rusa para conseguir acceso al Mediterráneo fomentaba una nueva serie de  sublevaciones nacionalistas en los Balcanes. El objetivo era provocar a los otomanos con actos terroristas que prepararían las condiciones adecuadas para una nueva cruzada en defensa de los cristianos ortodoxos de la Europa Oriental. Para evitar una confrontación con el Imperio Austrohúngaro, el Zar concentró sus planes en Bulgaria. Entretanto, los Principados, nominalmente autónomos pero de hecho independientes, de Serbia y Montenegro, intentaban expandirse por las regiones habitadas por sus compatriotas. Los sentimientos nacionalistas e irredentistas eran extremos y estaban instigados por Rusia y sus agentes.

El Comité Central Revolucionario de Bulgaria, cuyo objetivo era exterminar y expulsar a la población musulmana, atacó el 20 de abril de 1876 la sede central de la policía otomana en Koprivshtitsa iniciando una insurrección general. El historiador americano Justin MacCarthy afirma que durante las revueltas más de 1.000 musulmanes fueron masacrados y muchos más expulsados. El 25 de abril se movilizaron destacamentos de tropas otomanas que atacaron las primeras ciudades rebeldes. Hubo una serie de ataques y contraataques. A mediados de mayo la insurrección había sido completamente suprimida. La cuestión religiosa provocó un tremendo griterío en Europa en defensa de la población cristiana de Bulgaria. El líder de la oposición en Inglaterra, Gladstone, escribió un panfleto denunciando lo que llamaba los “Horrores de Bulgaria”. Personajes eminentes como Charles Darwin, Oscar Wilde, Víctor Hugo y Giuseppe Garibaldi acusaron a los otomanos de todo tipo de atrocidades.

Ahora es cuando Rusia estaba preparada para avanzar hacia Bulgaria atravesando Rumanía que, en esos días, estaba bajo la ocupación de las tropas austriacas. Los británicos, temiendo que una expansión de Rusia amenazase las rutas mediterráneas hacia la India británica, propusieron una conferencia a celebrar en Estambul.

La conferencia, que tuvo lugar en noviembre de 1876, contemplaba la creación de una provincia autónoma que incluyese Bosnia y la mayor parte de Herzegovina, además de aceptar la autonomía de gran parte de Bulgaria; con ello se formaban dos nuevas provincias: la Oriental con la capital en Tarnovo y la Occidental con la capital en Sofía. La aplicación de estas reformas habría significado la pérdida de las dos provincias otomanas que pasarían a estar bajo el control directo de los Poderes.

Los representantes del Imperio Otomano en la conferencia estaban liderados por el Gran Visir, Midhat Pasha, y aunque podían estar presentes en las sesiones plenarias de la misma, no habían sido invitados a las reuniones previas en las que los Grandes Poderes preparaban sus acuerdos.

Con el pretexto de impedir cualquier motivo que propiciase la intervención extranjera, Midhat Pasha preparó la propuesta de un Código Constitucional. El Sultán Abdulhamid respondió a la propuesta declarando que sería aceptable una Asamblea General y ordenó al Consejo de Ministros que examinara el asunto con todo detalle. El Ministro de Asuntos Exteriores, Saffet Pasha, alardeaba ante los embajadores de los Grandes Poderes:

“¡Pronto se reunirán las Asambleas de los Diputados y Representantes del Estado y entonces nada quedará del gobierno absolutista en los territorios Osmanli!”

El Código, que contenía 119 artículos, fue por fin presentado al Sultán. Había sido preparado por el armenio Krikor Odian, un consejero de Midhat Pasha, y representaba un paso definitivo hacia la democracia parlamentaria.

El Sultán estudió minuciosamente el Código Constitucional decidido a defender las prerrogativas del poder del gobernante y añadió el decisivo artículo 113:

“Art.113: En el caso de que se cometan acciones o surjan indicaciones que presagien disturbios en cualquier territorio del Imperio, el Gobierno Imperial tendrá la potestad de declarar el estado de sitio en ese lugar.

El estado de sitio significará la suspensión temporal de los derechos cívicos.

La forma de administración de las localidades bajo el estado de sitio será regulada por una ley especial.

Su Majestad el Sultán tendrá el derecho exclusivo de expulsar del territorio del Imperio a todos aquellos que, basándose en la información fidedigna recabada por la policía, sean reconocidos como peligrosos para la seguridad del Estado”.

La Constitución proponía un Parlamento dividido en dos secciones: los senadores eran elegidos por el Sultán y la Cámara de Diputados eran elegidos por el pueblo, aunque no de forma directa (votarían a delegados que a su vez elegirían a los Diputados). Cada cuatro años habría nuevas elecciones para que el Parlamento pudiera renovarse. Todos los ciudadanos eran considerados otomanos, con independencia de etnia o religión. Cada pueblo tenía libertad para elegir su propio consejo de representantes y organizar sus asuntos internos. El objetivo específico de estas medidas era hacer desaparecer la preocupación de los Poderes con respecto a la seguridad y derechos de los súbditos cristianos.

Saffet Pasha anunciaba con orgullo a los embajadores: “¡Respetados delegados! El estruendo de los cañones que ahora oís, es el anuncio del establecimiento de una Constitución para el Devlet Osmanli. A partir de este momento, ¡Turquía es uno de los gobiernos constitucionales de Occidente!”

La declaración de Saffet Pasha fue recibida con disgusto. Los delegados repitieron varias veces que no serían constreñidos por una Constitución. Su verdadero interés era la conquista y explotación de las provincias otomanas.

Ese mismo día, el 23 de diciembre de 1876, las decisiones consensuadas de los seis Grandes Poderes fueron entregadas formalmente al Gobierno Otomano.

En un último intento por impedir la guerra, el Sultán Abdulhamid concibió un plan para nombrar una comisión de investigación, con participación internacional, que estudiase las supuestas acusaciones de atrocidades cometidas en Bulgaria y castigar a los responsables. Midhat Pasha no presentó este propósito en la conferencia, pero sí las exigencias europeas a la Asamblea Nacional. Los recién elegidos representantes estaban encolerizados con esta afrenta a la soberanía otomana y rechazaron dichas exigencias.

El 18 de enero de 1877, el Gran Visir Midhat Pasha anunció la negativa definitiva del Imperio Otomano a aceptar las decisiones de la conferencia.

Lord Salisbury dio por finalizada la reunión.

Midhat Pasha comentaba: “Los que aman a los Osmanli pueden sentirse más que satisfechos con este resultado. El gobierno Osmanli es ahora totalmente independiente y puede gobernar el país como le plazca. Siempre y cuando nos aferremos a la Constitución, el resultado será una buena administración. Con esta forma de gobierno, los cristianos de los Balcanes se beneficiarán mucho más que si hubiesen estado bajo la protección de Europa”.

Midhat Pasha, el agente británico, demasiado confiado en el apoyo de Disraeli y los británicos, se sentía lo suficientemente fuerte como para resistir las exigencias de Rusia.

El Sultán Abdulhamid, consciente de la realidad de la situación política y descontento con el resultado de la conferencia, ordenó la detención y posterior exilio de Midhat Pasha. Con este acto, la autoridad del Sultán quedaba ratificada ante las manipulaciones del Palacio y sus burócratas.

El Sultán intentó impedir la guerra firmando un tratado de paz con Serbia y  negociando con Montenegro, pero Rusia esperaba la primavera para comenzar sus campañas.

La primera Asamblea General tuvo lugar el 7 de marzo de 1877 en el Palacio Dolmabahçe, con 115 diputados y 26 representantes del pueblo. De los diputados, 69 eran musulmanes y 46 cristianos y judíos. En el discurso inaugural Abdulhamid definió los orígenes de la crisis, sus opiniones políticas y las medidas a tomar:

“Debido al continuado desdén hacia la Shari’at y las leyes, el progreso de las generaciones anteriores se ha detenido y la fortaleza de las épocas pasadas se ha convertido en debilidad. En último término, el Sultán Mahmud tuvo que abrir el país a la civilización occidental para frenar la desintegración que nos asolaba. El Sultán Abdulmaŷid siguió sus pasos y declaró el Tanzimat. No obstante, el conflicto de Crimea detuvo los esfuerzos para restablecer el orden en el país y entre la gente. Y por primera vez surgió la necesidad de pedir dinero prestado a los extranjeros. (…).

He accedido al trono en una época de desórdenes, unos días en los que la situación general del Devlet está siendo amenazada por peligros y dificultades. Mi único objetivo es solucionar este desorden, restablecer la paz perdida y llevar la Osmaniyya a lo mejor. Me siento obligado a garantizar un futuro brillante para nuestra madre patria.

Para poder librar al Estado de la zozobra económica es necesario regular la ley fiscal, una cuestión a la debemos dar prioridad absoluta”.

La Guerra Turco-Rusa y el Congreso de Berlín

A pesar de las negociaciones y el deseo del Parlamento de aplicar nuevas reformas, Rusia dispuso su ejército para la guerra tras haberse asegurado la neutralidad de los Poderes. Abdulhamid intentó impedir la guerra por todos los medios posibles. Declaró:

“Al final me han atribulado con lo que nunca quise que sucediera. Ahora ya no hay forma de esperar otro desenlace. Cualquiera que sea el decreto Divino, sucederá sin duda alguna. Desde ahora en adelante no hay solución alguna excepto estar preparados para sacrificarlo todo y proteger nuestra dignidad”.

Mientras tanto, el Parlamento Otomano estaba en pleno caos. La hipócrita intervención del diputado por el Trípoli oriental, Nikolai Bey, provocó el entusiasmo de la Asamblea:

“Yo declaro, no solo en nombre de los cristianos de Siria sino en el de todos los cristianos bajo la autoridad Osmanli, que los mandatos del Corán son más que suficientes para protegernos. Y lo que es aún más, la Constitución nos promete un futuro feliz. Todos los cristianos están dispuestos a apoyar a los turcos contra el agresor”.

Los diputados abandonaron la sesión gritando: “¡Viva la guerra!”

El Sultán trató de ganarse el apoyo de Gran Bretaña. A pesar de los sentimientos pro-turcos de Disraeli y de la Reina Victoria, la opinión pública, encolerizada por la cuestión Búlgara, impidió que el gobierno británico prestase su ayuda al Sultán. Los otomanos tendrían que luchar solos.

Rusia declaró la guerra a los otomanos el 24 de abril de 1877 y sus tropas entraron en Rumanía en el mes de Mayo. En el mes siguiente, junio 1877, abrieron un segundo frente en occidente, en la ribera del río Danubio.

La estrategia rusa era aislar la zona central de Turquía por el oriente, al tiempo que avanzaba hacia Estambul atravesando Rumanía y Bulgaria por occidente para así forzar la rendición del Sultán.

Todas las naciones cristianas de los Balcanes se sumaron al avance de los rusos; en oriente, el Zar podía contar con el respaldo de los armenios.

Dr. Nazeer Ahmad escribe:

“Las conquistas de las fuerzas rusas eran seguidas por masacres a gran escala de campesinos musulmanes. Los rusos distribuían armas y municiones, capturadas en la retirada de los otomanos, entre los cristianos de cada localidad que a su vez atacaban a sus vecinos musulmanes. Pueblo tras pueblo fue testigo de las horripilantes escenas de los asesinatos en masa. Los demacrados supervivientes de las carnicerías huían hacia Estambul. En los primeros tres meses de las campañas rusas más de 250.000 refugiados entraron en Estambul y en Anatolia. El número se duplicó en los dos años siguientes (1877-1879), imponiendo con ello una pesada carga sobre los recursos otomanos. Estas fueron las primeras masacres a gran escala de los musulmanes de los Balcanes, algo que continuó, de cuando en cuando, durante más de cien años y que culminaron con las masacres de los bosnios perpetradas por los serbios en los años 1990-1992”.

Esta guerra había sido orquestada por Midhat Pasha y sus seguidores. El Sultán, en una situación de fait accompli, no podía más que honrar y apoyar a los dos jefes heroicos de ambos frentes: Ghazi Osman Pasha y Ahmad Muhtar Pasha. Estas son unas líneas que el Sultán envió a sus jefes militares antes de que empezaran los enfrentamientos:

“Pido a Allah que me conceda por Su gracia, motivos para estar orgulloso de los soldados que están dispuestos a proteger el prestigio histórico del Devlet Osmnali y a seguir las acciones de nuestros nobles antepasados. Mis saludos a todos y cada uno de los oficiales y soldados que están a vuestras órdenes y que para mí son como mis propios hijos. El Devlet y la gente los han preparado para este día (…); haced que protejan y defiendan cada piedra de las fortalezas y cada centímetro de nuestras tierras que han sido conseguidas derramando la sangre de sus ancestros que se habían convertido en shahid o ghazi al ofrecer sus vidas en el empeño. ¡Haced que rechacen el ataque y aplasten por completo al enemigo! Siempre que nuestros soldados cumplan con su sagrado deber, serán guiados con el apoyo de Allah y el Ruh de Su Mensajero”.

El ejército Osmanli no fue capaz de concebir una estrategia o plan determinado y los rusos pudieron cruzar el Danubio sin experimentar bajas. En el frente oriental apenas encontraron resistencia. En noviembre del año 1877 y tras un asedio de cinco meses, la ciudad otomana de Kars cayó en manos de los rusos, y a finales de enero de 1878 los rusos entraban en Erzurum. El deterioro de la autoridad otomana en la Anatolia oriental propició un importante estallido de violencia. El resultado fue que, durante y después de los combates, 60.000-70.000 musulmanes abandonaron el territorio ruso del Cáucaso meridional para establecerse en el Imperio Otomano. Del mismo modo, 25.000 armenios otomanos buscaron refugio en territorio ruso.

A finales de noviembre, 1877, Pleven cayó en manos de los rusos. Conseguida esta victoria, el ejército ruso atravesó las montañas de los Balcanes y tomó Sofía el 4 de enero de 1878. Bajando por el valle del río Maritsa, los rusos conquistaron Plovdiv el 17 de enero y Edirne el día 20 del mismo mes. El ejército ruso estaba ahora en la posición de amenazar seriamente a Estambul.

“El rápido avance de las fuerzas rusas hacia Estambul provocó la alarma en Viena y Londres. Si los rusos ocupaban el Imperio, los otomanos no podrían pagar los préstamos a los banqueros europeos. El pánico atenazó los mercados financieros de Londres. Conscientes de la amenaza contra sus intereses económicos y contra los imperiales en Egipto, el gobierno británico advirtió a Rusia con rotundidad que no siguiera avanzando hacia los Estrechos”. (Dr. Nazeer Ahmad).

El 13 de febrero la flota británica anclaba frente a Estambul.

El Sultán convocó una gran reunión de las autoridades y pronunció el siguiente discurso:

“Jamás he deseado esta guerra. Las maquinaciones de unos políticos aventureros han arrastrado a la gente hacia ella. Hemos perdido y nuestra situación es evidente. Lo importante ahora es aprovecharse de la rivalidad entre Rusia y Gran Bretaña y afianzarnos sólidamente en la situación”.

Su próximo paso fue “decretar la suspensión de la Asamblea Osmanli de los Diputados hasta nuevo aviso”. Luego declaró:

“Soy consciente de haber cometido un grave error al haber continuado el camino de mi padre Abdulmaŷid que trató de mejorar la situación del país estableciendo instituciones democráticas para contentar a la gente. De ahora en adelante, voy a seguir el camino de mi abuelo el Sultán Mahmud Jan. Ahora es cuando soy consciente de que, para proteger los pueblos y las tribus que Allah me ha confiado, no queda otro camino que utilizar la fuerza para imponer la verdad”.

La presencia británica en los alrededores de Constantinopla persuadió a los rusos a la hora de firmar un armisticio con los otomanos. Firmado el 3 de marzo de 1878, este pacto, conocido como el Tratado de San Stefano, puso fin a la guerra ruso-otomana de 1877-78 e inició el periodo en el que Abdulhamid tomó en sus manos todos los asuntos del Estado.

Las condiciones impuestas al Imperio Otomano en el Tratado de San Stefano eran muy severas: el Imperio Otomano reconocía la autonomía de Bosnia-Herzegovina, la independencia de Rumanía, Serbia, Montenegro y la creación de la autónoma Gran Bulgaria, cuyo territorio se extendía desde el Río Danubio hasta el Mar Egeo, bajo la protección de Imperio Ruso. Se había cumplido el sueño de los Zares: la creación de un entorno político en los Balcanes bajo la autoridad rusa.

Enfrentado a estas condiciones humillantes, el Sultán Abdulhamid demostró su genio político al ofrecer Chipre a los británicos ─una isla-buque-de-guerra con el que proteger el Canal de Suez y el cordón umbilical a la India─ por un periodo de tiempo limitado con la condición de mantener el control económico de la isla y asumir la responsabilidad con respecto a los musulmanes.

Austria y Gran Bretaña tomaron entonces la iniciativa y propusieron un congreso a celebrar en Berlín para renegociar el Tratado de San Stefano bajo el arbitraje imparcial de Bismarck. En realidad, y como luego comentaba Otto von Bismarck, el árbitro real era Disraeli: “El viejo judío, ese es el hombre”.

A pesar de ir contra de los intereses del Imperio Ruso, el tratado revisado, conocido como Tratado de Berlín, reducía de forma drástica los territorios del Imperio Otomano en los Balcanes. La idea de la Gran Bulgaria fue abandonada y en su lugar se la dividía en tres partes. Macedonia era la única que seguía siendo parte integral del Imperio Otomano. Bosnia-Herzegovina quedaba bajo la protección del Imperio Austrohúngaro. Se reconocía la independencia de Serbia, Rumanía y Montenegro. Al Imperio Ruso se le otorgaba Bessarabia del Sur y se quedaba con Batumi, Ardahan y Kars. Y por añadidura, a Rusia se le concedía una sustanciosa indemnización por la guerra.

La carga económica de esa indemnización significó un aumento crítico de la deuda pública, llegando a consumir en ocasiones hasta el 80% de todos los ingresos. Para los otomanos, el Tratado de Berlín se tradujo en la pérdida del 8% del territorio más productivo del Imperio y la pérdida del 20% de la población total. Para agravar aún más la situación, la guerra y los cambios territoriales dieron lugar a una inmigración estimada en 500.000-600.000 refugiados musulmanes que procedían de los territorios de los Balcanes.

Los Grandes Poderes abandonaron los principios de mantener la integridad del Imperio Otomano y la no interferencia en sus asuntos internos, principios que se habían suscrito en el Congreso de París de 1856. Esto llevó a que en el año 1881 Gran Bretaña ofreciese Túnez a los franceses para ganarse su consentimiento a la ocupación de Chipre. Los franceses invadieron Túnez y declararon que era un protectorado.

La esclavitud económica a las instituciones de crédito occidentales comenzó en Egipto en 1876 con el establecimiento de La Caisse de la Dette Publique, o Comisión de la Deuda Egipcia, para defender los intereses de los acreedores europeos si el país llegaba a la bancarrota. Las cláusulas de la Comisión implicaban la entrega de la soberanía egipcia a los europeos, hecho que causó un escándalo público. Gran Bretaña y Francia pidieron que abdicara el Jedive Ismail y que su hijo Tawfiq ocupara su puesto. El Sultán Abdulhamid envió una delegación a El Cairo para abordar y resolver las cuestiones financieras con los poderes europeos. En plenas negociaciones, año 1882, las flotas británica y francesa aparecieron en la costa de Alejandría para ejercer presión sobre las negociaciones. Esta provocación provocó una sublevación nacionalista y el asesinato de varios extranjeros. Esto sirvió de pretexto a los británicos que bombardearon la ciudad matando a cientos de personas. Poco tiempo después desembarcaban las fuerzas británicas que, el 13 de septiembre de 1882, derrotaban al ejército egipcio mandado por el Coronel Urabi en la Batalla de Tel el-Kebir. Cuatro días después, el ejército británico entraba en El Cairo. Para Abdulhamid la invasión de Egipto fue peor que los agravios perpetrados por los rusos. El Sultán se dio cuenta que los británicos eran el mayor enemigo del Islam.

Estos acontecimientos causaron honda impresión en el Sultán. En primer lugar, la guerra turco-rusa señalaba el fracaso de la ideología Tanzimat. En política exterior significó el fin de la tradición de alianzas con la política británica, una tradición que el Sultán Abdulhamid había heredado de su padre y de su tío.

Despojada de las provincias europeas, la Osmaniyya, después de 600 años, dejaba de ser un actor europeo. La política del otomanismo multi-religioso había fracasado. A pesar de las reformas, los movimientos nacionalistas de los Balcanes y del Líbano habían demostrado el odio profundo de los súbditos cristianos y judíos que acabaron alistándose en el ejército ruso contra los musulmanes. La experiencia del constitucionalismo, resultado directo del Tanzimat, había producido carencias y el desastre de la guerra turco-rusa. Occidente había mostrado su codicia por la tierra, el mar y el resto de recursos en las condiciones impuestas en la Conferencia de Berlín y la segregación de los territorios de Túnez y Egipto en África del Norte.

El centro de atención se desplazó a los territorios desatendidos: Anatolia y las provincias árabes.  A partir de ese entonces, los recursos materiales, económicos, sociales y culturales se dirigieron hacia las regiones habitadas por musulmanes, invirtiéndose en las infraestructuras de esos territorios.

Ittihad-ı Islam

El término Ittihad-ı Islam (Unión del Islam) significaba adoptar una política que propugnaba la unidad de todos los musulmanes, dentro y fuera del Dawlat, bajo el liderazgo del Califa, el Sultán Abdulhamid II: “La sombra de Dios en la tierra, el ejecutor de Sus mandatos; todos los musulmanes le deben obediencia siendo agradecidos si hace lo correcto y pacientes si se equivoca”. Esto era una postura que había sido enunciada de forma rotunda por el Shayj sufí de Siria Abu’l-Huda al-Sayyadi que tenía un papel preponderante en la corte de Abdulhamid II.

Basados en el ejemplo de los movimientos Pan-Eslavo y Pan-Germánico, los historiadores adoptaron el término ‘Pan-Islamismo’ para definir esta política que era impulsada para contrarrestar la agresión de los Poderes Europeos: “Una base ideológica para la cooperación entre, o más allá de, las unidades políticas individuales en una lucha política unificada bajo la bandera del Islam”. Lo cierto es que no puede ser definida como una ‘ideología’, sino más bien la revitalización del papel del Califa. Para muchos árabes, Estambul se convertía en un nuevo Bagdad.

El Dr. Gökhan Çetinsaya identificaba tres dimensiones en esta política: a) ‘política exterior Pan-Islamista’; b) ‘política interior Pan-Islamista’; c) un intento de acercamiento a las provincias de Iraq mayoritariamente shi’a. Escribe:

a)    Para Abdulhamid, el Pan-Islamismo exterior no era un intento de reconstruir un Estado islámico unificado y solitario dirigido por el Califa, sino más bien el esfuerzo para conseguir una solidaridad pujante entre los pueblos islámicos y los países a los que preocupaban sus problemas. Para conseguir este objetivo, el Sultán se valió de personalidades religiosas de cierta influencia, espacialmente los Shuyuj de varias órdenes sufíes (tariqas) y sus conexiones, además de prensa, propaganda, educación y ayuda económica. Estas tariqas favorecidas de forma oficial, la propaganda religiosa y los crecientes sentimientos a favor del Califato entre los musulmanes de las colonias, eran considerados una amenaza política o militar por las misiones diplomáticas europeas”.

El consejero más cercano al Sultán era el Shayj Rifa’i sirio Abu’l-Huda as-Sayyadi, el Shayj al-Mashayj de Estambul. Entre los años 1880 y 1908 se publicaron 212 libros en Estambul, Beirut, Damasco y El Cairo cuya autoría se atribuye a Shayj Abu’l-Huda y sus círculos. La mayoría de los textos hablan sobre la defensa de la legitimidad del Califato Osmanly y piden a los musulmanes que lo defiendan y le sean leales.

Las enseñanzas de Abu’l-Huda y las acciones del Sultán Abdulhamid hicieron que el Din fuera de nuevo el principio aglutinador de la sociedad en oposición a las reformas del Tanzimat que pretendían eliminarlo como principio patriótico.

b)    “La dimensión política interna del Pan-Islamismo se centraba en los elementos musulmanes presentes en el interior de imperio Otomano en un esfuerzo por establecer una nueva línea de referencia para el Estado. Para Abdulhamid, el Pan-Islamismo interno era una manera de mantener la unidad del Estado basándose en la unidad de todos los musulmanes otomanos sea cual fuese su extracción étnica. (…) Todos los grupos musulmanes del Imperio, tales como turcos, kurdos, árabes, albaneses y circasianos, se beneficiaban de esta nueva política en diferente medida. (…) La mayor preocupación de Abdulhamid, en lo que respecta a los árabes, era la posibilidad del establecimiento de un califato árabe basado en Egipto o el Hiŷaz y respaldado por los poderes europeos, hecho que provocaría el colapso total del Imperio”.

c)     La presencia de una población shi’a en Iraq, extensa y en crecimiento, representaba un serio problema. Los shi’a estaban considerados como desleales en potencia, y el crecimiento del Islam shi’a entre la población tribal de Iraq alarmaba al régimen de Abdulhamid e indujo al palacio a estudiar con seriedad la cuestión shi’a. Se tomaron medidas para impedir el crecimiento de la shi’a. (…) Tras un periodo de reflexión y consulta, el Sultán llegó a la conclusión de que una política de unidad sunni-shi’a sería la mejor solución a largo plazo del ‘problema shi’a’ en Iraq. La herramienta elegida fue Ŷamal ad-Din al-Afgani, el filósofo y activista político nacido en Irán que llegó a Estambul a finales del verano de 1892. (…) Bajo la dirección de Al-Afgani se formó un grupo de trabajo que envió cientos de cartas a ‘ulama shi’a de todo el mundo musulmán. (…) Pero el apoyo iraní a los revolucionarios de Armenia en la Anatolia oriental parece haber obligado a Abdulhamid a abandonar este plan. El proyecto quedó desestimado, las relaciones con Al-Afgani se deterioraron y éste permaneció en Estambul como prisionero tácito hasta su muerte en 1897”.

Con respecto a la presencia de Al-Afgani en Estambul, llamado ‘Al-Mutaafghin’ por su enemigo Shayk Abu’l-Huda, N.R. Keddie escribe:

“El Sultán invitó a Al-Afgani a Estambul porque temía sus relaciones con los planes de Wilfrid Blunt y sus intentos de establecer un califato árabe. Pero en vez de utilizar a Al-Afgani como consejero principal de política exterior, se limitó a dejarle formar un círculo de shi’as persas, Babis y agnósticos para escribir cartas a los ‘ulama shi’a pidiendo su respaldo a los planes Pan-Islámicos del Sultán. Pero incluso esta función fue cancelada cuando una serie de acontecimientos avivaron las sospechas del Sultán con respecto a Al-Afgani, especialmente su reunión en secreto con el Jedive egipcio, Abbas Hilmi, que tenía pretensiones al Califato”.

La política islámica del Sultán Abdulhamid tuvo una enorme influencia en la Umma musulmana. Su última reverberación fue el Movimiento Jilafat de la India, 1919-1924, que abogaba por la causa del Califato Osmanli en contra del gobierno británico.

Política Doméstica

Según el gran escritor turco Ustad Necip Fazil Kısakürek, la política doméstica del Sultán Abdulhamid puede resumirse en cinco puntos muy sencillos:

1.     Limpiar el país de los virus que han aparecido pretendiendo ser la cura.

2.     Establecer una civilización material asentada en una sólida base espiritual.

3.     Asimilar Occidente y sus ciencias positivas al tiempo que se evitan los efectos perniciosos de su influencia espiritual.

4.     Ser fieles al carácter y la dignidad de Oriente y proteger sus tradiciones de forma escrupulosa.

5.      Despertar en el conjunto del Devlet y del gobierno un espíritu cuyo objetivo sea la supremacía moral, económica y social.

“Ver que la perfección y los medios para alcanzarla están contenidos en el Din y en las verdades del Din, recuperar la pasión auténtica y el amor por el Din tras siglos de deterioro y restituirlos como principales impulsos de la vida, tanto al nivel social como individual”.

La disolución del Parlamento en el año 1878 significó un cambio radical en la política del Dawlat Osmanli. Puso fin a los días de la Era Tanzimat y fue el inicio del gobierno personal del Sultán. Si el Palacio Dolmabahçe, la primera residencia moderna del Imperio al estilo occidental, reflejaba los cambios en las circunstancias y la cultura del Imperio Otomano que contenían el Tanzimat, el traslado ordenado por el Sultán Abdulhamid al Palacio Yildiz en 1880 significaba el comienzo de una nueva era Hamidiana.

Las características principales de Yildiz eran disciplina y eficacia. El Secretario General, Tahsin Pasha, escribía:

“Desde el día de su ascensión al trono, el Sultán Abdulhamid se concentró en una línea política que centralizaba todos los asuntos del Estado en el Palacio. Esta era la razón de que pudiera mantenerse en contacto con todas las cuestiones relacionadas con la administración, el funcionariado, el ejército, la economía, la ciencia y el Din, incrementando así su experiencia y su conocimiento. Al Sultán Abdulhamid le gustaba enterarse de todos los asuntos preguntando sobre cada una de las cuestiones e intentando comprender la situación y la función de cada individuo. (…) Este compromiso político, que significaba la intervención en los asuntos y competencias de la Sublime Puerta, era el resultado ineludible de la política centralizadora en el Yildiz. No podía esperarse que las cosas fueran de otra manera cuando toda la fuerza y poder, todo juicio y autoridad habían sido transferidos al palacio”.

La nueva ordenación era un reflejo del carácter del Sultán Abdelhamid. Tahsin Pasha nos ha dejado una descripción del Sultán que muestra ciertos aspectos de su personalidad:

“Desde el punto de vista físico, el Sultán Hamid era robusto y dinámico. La pereza le desagradaba en grado sumo. Le fascinaba la elegancia y siempre enfatizaba que vestirse con ropas limpias y bien cuidadas era la expresión de una forma de vida ordenada mientras que, por el contrario, la negligencia en el vestir se debía a una falta de orden en los pensamientos. No creía que se pudiese errar de forma inconsciente. En ocasiones, cuando se trataba de peticiones, yo solía escribir el nombre equivocado. Al hablarme de este tema me dijo: ‘El ser humano no comete errores: el error es intencional o el resultado de un descuido. Los errores intencionados son acciones censurables que merecen un castigo. La culpa por los errores cometidos por descuido recae en el que los comete. ¿Acaso el descuido puede considerarse una excusa?

Como el Sultán Abdulhamid se preocupaba mucho por su salud y sus horas de trabajo, las horas en que comía y descansaba seguían una rutina muy precisa. Se acostaba temprano y se levantaba temprano. Nunca dejaba su baño matutino. Cada mañana hacía el salat y hacía du’as. Le gustaban los alimentos ligeros y comía solo un poco”.

Vivía como un gobernante que llevase sobre sus hombros el peso de Devlet Osmanli.

Justo al lado de Yildiz había una zawiyya Shadhili.

Hablando de su amor por el Din, su hija Shaziye Sultan escribió:

“Era un hombre saludable con una constitución sana y robusta que se mantenía en forma con la práctica regular del ejercicio físico. Solo le recuerdo enfermo en una ocasión, cuando yo todavía era bastante joven. Solía dormir poco y se levantaba antes de faŷr. Siempre rezaba las cinco oraciones y recitaba a menudo el Corán, además de leer la colección de hadices de Al-Bujari. Era un gran musulmán que tenía una conexión muy fuerte con el Din y con Allah. No iba a lugar alguno sin estar en wudu. Era un trabajador infatigable”.

Política Exterior

En el periodo comprendido entre los años 1878 a 1908 las rivalidades entre los Poderes Occidentales hicieron que la partición del Imperio Otomano fuera casi imposible. La política exterior del Sultán se concentró en aprovecharse de esos antagonismos para impedir la unidad entre sus enemigos y con ello garantizar la integridad territorial del Dawlat.

Mientras Gran Bretaña mantenía su posición geoestratégica en Chipre y en Egipto, y Rusia estaba concentrada en su conflicto con los Habsburgo relacionado con la supremacía en los Balcanes, el Sultán inició relaciones oficiales con el nuevo Imperio Alemán. Alemania parecía ser el único Poder Europeo que no tenía ambiciones por el territorio otomano. “Por otra parte, en términos ideológicos y políticos, Abdulhamid prefería el régimen autoritario alemán antes que el régimen constitucional inglés y el republicano francés”. El Sultán utilizaba los intereses económicos alemanes como arma política y diplomática contra Francia y Gran Bretaña. En 1888 se otorgó la concesión a una coalición de empresas alemanas para construir un ferrocarril de İzmit a Ankara y al año siguiente se estableció la Anatolian Railway Company teniendo como director a un funcionario prominente del Ministerio de Asuntos Exteriores Alemán. “A esto le siguió, de forma casi inmediata, la primera visita del Kaiser Wilhem II al Imperio Otomano que culminó con la firma del Acuerdo Comercial Turco-Alemán el 28 de agosto de 1890”. En 1899 el Sultán concedió a los alemanes el permiso de prolongar la línea del ferrocarril desde Konya hasta Bagdad y el Golfo Pérsico. El resultado fue que Wilhem II visitó el Dawlat por segunda vez. Durante esta visita viajó por las provincias árabes del Imperio y, en Damasco, ante la tumba de Salahuddin al-Ayubi, declaró ser amigo y protector de los 300 millones de musulmanes en el mundo.

El ferrocarril de Bagdad, que conectaba Berlín con Estambul, fue percibido como una amenaza directa contra los intereses coloniales rusos, británicos y franceses. Esta situación exacerbó el antagonismo entre Alemania y Gran Bretaña a nivel internacional, algo que desató una serie de incidentes que culminaron en la Primera Guerra Mundial.

La Cuestión Armenia

Según la cláusula 61 del Tratado de Berlín:

“La Sublime Puerta se compromete a iniciar, sin más demora, las mejoras y reformas exigidas por las provincias en las que habitan los armenios, además de garantizar su seguridad ante los kurdos y circasianos. Con la debida regularidad dará a conocer los pasos que se den al respecto a los Poderes que supervisarán su aplicación”.

La región en cuestión era la Wilâyât-i Sitte (Erzurum, Diyarbakir, Sivas, Hanput, Elegzi, Van, Bitlis) en la parte oriental de Anatolia. En esos días, la región estaba bajo la ocupación rusa. Como había ocurrido en los Balcanes, el expansionismo ruso propició el apoyo a un movimiento nacionalista, la Asociación Armenia Hɪnçat, fundada en Suiza en 1886 e inspirada en ideas socialistas y anarquistas. La Asociación fue establecida como organización ilegal que podría recurrir a actos terroristas como método de propaganda. En 1886 explotó una bomba en una oficina de correos de Estambul que causó la muerte de un cierto número de civiles inocentes. Bajo los gritos de la libertad y los derechos, sus miembros iniciaron una campaña terrorista contra los musulmanes de la provincia en la que atacaron cientos de pueblos.

El Profesor. Dr. Said Öztürk escribe:

“Ante la violencia de esos actos terroristas, el Sultán Abdulhamid II encargó al Mariscal de Campo Zeki Paşa, comandante en jefe del Cuarto Ejército cuyo cuartel general estaba en Erzincan, que pusiera fin a los ataques armenios. El éxito de Zeki Paşa, que no dio cuartel a los terroristas, hizo que la prensa europea iniciase una campaña contra el Sultán Abdulhamid”.

Los miembros del comité armenios intentaron una revolución en la región de Sason en el año 1894. En el año 1896, 28 miembros de la Federación Revolucionaria de Armenia (Dashnak Party) asaltaron el Banco Otomano. Armados con pistolas, granadas, dinamita y bombas de mano, los terroristas ocuparon el edificio durante 14 horas causando la muerte de diez personas. El Sultán Abdulhamid amenazó con arrasar el edificio. La intervención de los diplomáticos europeos de la ciudad permitió que los asaltantes depusieran su actitud otorgando salvoconductos hacia Francia para los supervivientes. El acto terrorista gozó de críticas positivas en la prensa europea. El Presidente de los Estados Unidos, Grover Cleveland, llegó a calificar a los armenios de “mártires en su defensa de la fe cristiana”.

En 1905, cuando salía de la mezquita Hamidiya tras haber rezado salat al-Yumu’a, el Sultán salió ileso de un ataque terrorista que mató a 26 e hirió a 58 personas. Una semana más tarde, la policía otomana arrestaba a un anarquista belga relacionado con la Federación Revolucionaria de Armenia, Edward Joris, como principal sospechoso del atentado. El 23 de diciembre de 1907, Joris era misteriosamente liberado y volvía a su país natal.

La Cuestión de Palestina

En 1896 Theodor Herzl, padre del sionismo, escribía:

“Si su Majestad el Sultán nos da Palestina, podríamos asumir la responsabilidad de poner totalmente en orden las finanzas de Turquía. Para Europa representaría parte de una barrera ante Asia; podríamos actuar como puesto avanzado de la civilización contra la barbarie. Como Estado neutral seríamos aliados de toda Europa que, a su vez, garantizaría nuestra existencia”.

Todos sus intentos de ser recibido por el Sultán fueron infructuosos. El Sultán respondió a los intermediaries de Herzl: “Aunque los Estados de mundo entero vinieran a poner en mis manos todos los tesoros del planeta, jamás dejaría que tuvierais una parte diminuta de Jerusalén en nombre del sionismo”.

Cuando por fin admitió a Herzl en su presencia, el Sultán recibió la siguiente oferta:

1.     Dar al Sultán 150.000 liras inglesas para sus gastos.

2.     Pagar todas las deudas del Imperio Otomano, que en ese momento eran 33.000.000 de liras de oro inglesas.

3.     Construir una flota para el Imperio Otomano (coste: 120.000.000 de francos de oro).

4.     Conceder un préstamo sin intereses de 35.000.000 liras de oro para fomentar la economía del Dawlat.

5.     Construir una Universidad Islámica/Otomana en Palestina.

6.     Apaciguar el conflicto armenio-otomano.

El Sultán rechazó la oferta. Pasado un tiempo explicó sus razones en una carta dirigida a Philipp de Newlinski, un amigo de Herzl:

“Yo no puedo vender un solo palmo de tierra porque no me pertenece; es la propiedad de mi pueblo. Mi pueblo consiguió este Califato luchando con su sangre y fertilizándolo con sus huesos. Y de nuevo lo cubriremos con nuestra sangre antes de permitir que se nos arrebate de las manos… La Osmaniyya no me pertenece a mí, sino al pueblo… Que los judíos se ahorren sus millones. Cuando mi Imperio sea dividido podrán conseguir Palestina sin coste alguno. Pero sólo nuestro cadáver será dividido. No aceptaré la vivisección”.

Shayj Dr. Abdalqadir as-Sufi escribe: “En 1908 se abría la primera oficina sionista en Palestina bajo el disfraz de Banco de la Casa de Rothschild. En 1908 el Sultán Abdulhamid era depuesto y con ello de forma definitiva, aunque seguiría tambaleándose hasta 1924, era derrocado el régimen Osmanli”.

El Príncipe Orhan al-Uzman, nieto del Sultán otomano Abdulhamid II, declaraba en una entrevista para la TRT árabe el 9 de diciembre del año 2011:

“El Estado Otomano no cayó en uno o dos años, ni incluso en diez o veinte. Comenzó a caer cuando el Sultán Abdulhamid tomó esa decisión en su encuentro con el Dr. Herzl. Este había solicitado varias veces una audiencia con Sultán Abdulhamid y había sido rechazado; una, dos, hasta tres veces. La cuarta vez tuvo lugar el encuentro y éste (Herzl) había preparado el terreno… Pidió al Sultán territorios en Palestina para que pudieran establecerse los judíos. Cuando el Sultán rechazó la petición, ese fue el comienzo de la caída del Estado Otomano. Se decidió entonces que ya no habría un Estado Otomano, ni un Califato, ni un Sultanato”.

La Revolución de los Jóvenes Turcos y la restauración de la Constitución de 1876

La Revolución de los Jóvenes Turcos se inició en las tenebrosas logias de Salónica. El término “Jóvenes Turcos” hace referencia a una sociedad secreta que propugnaba la monarquía constitucional y reformas de tipo liberal en el Dawlat. El nombre había sido inspirado por los “Giovine Italia” del revolucionario italiano Giuseppe Mazzini. Su organización principal era el Comité de la Unión y el Progreso (C.U.P.). El fundador de la organización de los Jóvenes Turcos fue Emmanuel Carasso, un abogado de Salónica, dirigente de una logia de la localidad. Carasso era protegido y socio del banquero veneciano Volpi di Misurata, un estrecho aliado de los financieros de la City londinense. La operación de los Jóvenes Turcos estaba dirigida, desde Londres, por Aubrey Herbert, jefe de las operaciones de los servicios secretos británicos en Oriente Medio durante el periodo de la Primera Guerra Mundial, y puede ser considerado el cabecilla real de la insurrección de los Jóvenes Turcos.

El Profesor Marc Bauer escribe:

“La masonería jugó una papel fundamental en esa época revolucionaria. En una sociedad que no estaba preparada para abandonar la religión (…) los cristianos, judíos y musulmanes podían reunirse en las logias masónicas como iguales, unidos bajo el secreto (…) Abdulhamid II era consciente de la amenaza y contuvo a los masones a los que su gobierno calificaba de “una causa frecuente de sedición”. (…)  El abogado judío Emmanuel Carasso, que había recibido medallas del Sultán que intentaba derrocar, era uno de los líderes de la CUP en Salónica y en la jerarquía de toda la organización y presidía el rito italiano Macedonia Risorta. Su logia era el lugar de las reuniones secretas de la CUP y donde se guardaban sus archivos; entre los miembros de la logia estaba la mayoría de los líderes de la rama Salónica de la CUP”.

En julio del año 1908 se sublevó el Tercer Cuerpo de Ejército de Macedonia dirigido por oficiales afiliados a los Jóvenes Turcos. Enviaron un ultimátum al Sultán exigiendo el restablecimiento de la Constitución. El 23 de julio, Abdulhamid cedía y  convocaba de nuevo al Parlamento. En abril del año 1909 las tropas albanesas de Primer Cuerpo de Ejército (estacionadas en Estambul) y la recién formada Ittiḥād-i Muḥammedī Ḏj̲emʿiyyeti (Unión Muhammadiana), una organización política fundada por el Naqshbandi Hafiz Dervis Vahdeti, lanzó una contrarrevolución. La rebelión se extendió por las provincias pero duró poco tiempo. Fue sofocada en menos de diez días por las tropas del Tercer Cuerpo de Ejército.

El Sultán Abdülhamid II fue obligado a abdicar y luego encarcelado en el Palacio Chiraghan. Carasso fue una de las tres personas que comunicó su derrocamiento al El Sultán Abdülhamid II en abril de 1911. Le sucedió en el trono su hermano Mehmet V.

El depuesto Sultán fue enviado a Salónica hasta el año 1912, cuando la ciudad cayó en manos de Grecia. Enviado de nuevo a la cautividad en Estambul, Abdulhamid Jan pasó sus últimos días bajo custodia en el Palacio Beylerbeyi, en el Bósforo, donde murió el 10 de febrero de 1918.

Desde el Palacio Beylerbeyi el Sultán envió la carta siguiente a su Shayj Shadhili Mahmud Abush-Shamat:

“Ya Hu! (…) Mi Efendi: Continúo recitando el wird y las wazifat Shadhili día y noche con la ayuda de Allah. (…) Tras esta introducción, quisiera deciros, al hombre que es la guía, que no abandoné el Califato por una razón personal. Lo que ocurrió es que me vi obligado a dejar el Califato del Islam bajo presión y por las amenazas de los líderes del Comité de la Unión, también llamados Jóvenes Turcos. Estos Unionistas habían insistido de manera constante en el establecimiento de una Patria para los judíos en los Territorios Sagrados y en Palestina, algo que rehusé aceptar y en lo que me ratifico. Por muchas que fueran sus amenazas y lo rotundo de su insistencia, jamás acepté sus propuestas.

Luego prometieron que me pagarían 150.000 libras inglesas de oro, a lo que también me negué diciendo: ‘No podría aceptar vuestra propuesta por 150.000 libras inglesas ni aunque pusierais ante mí todo el oro del mundo. He servido a la millet del Islam y a la Ummah de Muhammad durante más de treinta años. Yo no puedo permitir una impronta negativa sobre el conjunto de los musulmanes, los Sultanes y los Califas del Islam, mis padres y antepasados. En consecuencia, jamás podré aceptar vuestra propuesta’.

Tras recibir esta respuesta rotunda y definitiva, acordaron mi derrocamiento y me dijeron que iba a ser enviado a Salónica. Acepté esta última propuesta y alabé a Allah, y sigo haciéndolo pidiendo que me dé éxito a la hora de impedir el establecimiento de un Estado judío en los Territorios Sagrados y en Palestina, algo que habría sido una desgracia perenne para el Devlet Osmanli y para el mundo musulmán. Todo lo que ha sucedido se debe a esta razón. Y yo he alabado al Señor Encumbrado por todo ello. Termino la carta y digo mis últimas palabras sobre tan importante cuestión diciendo lo siguiente:

Beso vuestras manos bendecidas y os pido que aceptéis mis saludos más respetuosos. Envío saludos cordiales a todos mis hermanos y amigos más cercanos.

22 de septiembre 1329 (H.)

El siervo de los musulmanes

Abdulhamid

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