El caso de los “demócratas suecos”

noviembre 26, 2014 10:55 am0 commentsViews: 190

Suecia

El pasado septiembre de 2014, se realizaron las elecciones para el Parlamento de Suecia, el gran ganador, teniendo en cuenta su ascenso, y aunque no pueda ser gobierno, ha sido el partido de los Demócratas Suecos, la organización islamófoba por excelencia la que consiguió el 12,8 por ciento de los votos, convirtiéndose en el partido que hará la función de bisagra entre la coalición ganadora que conforman los socialdemócratas y ambientalistas, con el 43, 5 por ciento, y la perdedora, formada por los conservadores, el partido del Centro, los liberales y los democristianos,  con el 39, 3 % de los votos.

El 17 de octubre pasado Jimmie Åkesson, líder de los Demócratas suecos publicó una carta abierta en el sitio oficial de su partido donde valoró los resultados electorales del 2014, y concluyó que ha sido un  año de éxito, en el que su partido se ha convertido en un factor de poder dentro de la política sueca. No le falta razón, a este populista, los demócratas suecos al alcanzar 49 escaños en el parlamento, están en condiciones de acceder a la vicepresidencia de dicho órgano con todo lo que visibilidad y legitimación significa para su programa político que hace de la lucha contra el Islam uno de sus principales objetivos. El propio Åkesson dejó muy  claro esta posición en un artículo propio publicado en el periódico Aftonbladet, el 19 de octubre de 2009, cuyo título lo dice todo “Los musulmanes son nuestra mayor amenaza extranjera”.

Muchos analistas suecos, quizás avergonzados justifican el voto recibido por los demócratas suecos como resultado del castigo al resto de los partidos, yo no comparto esa opinión, y si bien considero que no todos los xenófobos del país respaldan a los Demócratas Suecos, entre otros motivos por su coqueteo con el sionismo, si es muy seguro aquellos que le votaron se oponen sinceramente a la existencia de elementos culturales exóticos como puede ser las mezquitas y mujeres, usando velos por motivos religiosos, lo cual no deja de ser una especie de fobia frente a lo desconocido.

Es ese sentimiento es en el  que los demócratas suecos han sabido manipular,  sin que los votantes que les apoyaron en diversas regiones de Suecia se percataran de que este rechazo a los musulmanes en realidad encubre unos sentimientos que poco o nada tienen de patriótico en el sentido de los intereses nacionales suecos, cualquiera que indague con una lupa donde se concentran las mayores votaciones recibidas por el partido de marras, verá que estas, se encuentran en Scania, un colega de esa zona me comentaba que en su pueblo la tercera parte de los votos se la llevó ese partido. Se trata de un territorio arrebatado a Dinamarca a sangre y fuego e incorporada a Suecia, tras el tratado de paz de Roskilde en 1658. Hay que reconocer lo heroico de la resistencia de sus habitantes, así como lo brutal del aplastamiento de la misma y luego la revolución cultural impulsada por los ocupantes para acabar con la identidad de aquella población. Hoy descendientes de aquel pueblo; tardíamente incorporado a Suecia, incapaces de enfrentar a las élites que desde entonces les dominan, canalizan su inconformidad con un discurso “nacionalistamente correcto”, que arremete contra lo que sería una consecuencia de aquella ocupación, la concentración de extranjeros en aquella zona sureña del país escandinavo, una inmigración que entre los cuales, los musulmanes resultan un problema, no por esa naturaleza “terrorista” o “antidemocrática”, que les atribuyen los islamófobos, sino por su mejores virtudes, aquellas que hacen de su religión una auténtica fortaleza ante los vicios con los que la modernidad va destruyendo  poco a poco al individuo y a su familia en la Suecia actual.

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