La  pasión de Camille

agosto 4, 2014 11:09 am3 commentsViews: 358
Retrato de Camille Claudel, 1884.

Retrato de Camille Claudel, 1884.

El ritmo de sus latidos galopa. Se reconoce en el despliegue de cada gesto, de cada pausa. Es decidida en su diálogo con la fuerza creadora y mantiene el pulso comprometida con su propia naturaleza. Hay serenidad en sus ojos fogosos porque aún no se ha prendido la hoguera. Acabo de conocer a la señorita Claudel y su estela se presenta misteriosa.

Exterior día, interior noche y viceversa. Camille tiene un único objetivo, dar forma entre sus dedos a la percepción del movimiento humano liberando las figuras. Ha de sentir el barro bajo sus pies, entre sus manos, como si pudiera reconocerse en esa materia. Consigue perderse en la noción del tiempo, y es entonces cuando se encuentra, casi fundida, con la propia escultura.

Los estudios en Bellas Artes le saben a poco; rechaza el academicismo y alza la proyección de su mirada. Impulso que continuamente se ve amenazado por una madre que se niega a valorar el talento de la joven. Los prejuicios sociales son demasiado fuertes para una mujer de su tiempo. También lo son para su hermano, que inspirado por Víctor Hugo, trata de calmar su sed existencial a través de las palabras. Pero Camille no está dispuesta a recibir órdenes. Consciente de la época que le ha tocado vivir, entra en contacto con Rodin, al que persigue y resiste al mismo tiempo. Es cuando comienza como aprendiza del conocido escultor que ambos se reconocen en esas formas de materia viva; en la profundidad de los contornos, en los abismos de la piel, en el corazón descubierto.

La necesidad de esculpir la domina. El maestro puede darse cuenta: Camille moldea con el alma enlazada a la propia tierra. De ese descubrimiento nace una nueva mirada y Auguste decide invitarla a París, donde apoyada por su padre, aunque no del todo conforme, empieza una nueva etapa como artista.

Es bajo la luz de la nueva ciudad que la inspiración y la pasión se vuelven una, dando lugar a varias obras conjuntas (El eterno ídolo, El beso, El pensador y La Aurora, firmados por él, y El abandono, La edad madura y los bustos de Rodin, por ella). El panorama artístico del momento lo celebra, pero es Rodin quien se lleva los aplausos, y con ellos, el fuego de la fama y de los artistas del momento. La alquimia entre la pareja se enturbia. Camille no acepta la injusticia de los mercaderes del arte, y, de pronto, ser la amante y la musa, le saben a poco; quiere ser la esposa, lo quiere solo para ella. Él se aleja, y este hecho la debilita. Su crecimiento como artista pasa a ser impulsado por ese amor infinito que acaba en él, cegando su propio ser. Sus creaciones son un triunfo para el escultor, pero ella ha perdido su norte. La ceguera amorosa le ha hecho olvidar el origen espiritual (anterior e independiente de Rodin) de su arte. Ha perdido su fe y por lo tanto se ha vuelto vulnerable, frágil. ¿Dónde estás Camille? La imaginación se ha desfigurado y el compás pierde la armonía en tu propio olvido.

La pasión de Camille Claudel (Francia, 1988)es un drama biográfico sobre la vida de la escultora del siglo XIX que da nombre a la película; hermana del poeta, dramaturgo y diplomático, Paul Claudel, y musa del famoso escultor Auguste Rodin.  El film está basado en el libro de Reine-Marie Paris, nieta de Paul, y fue llevado al cine bajo la dirección de Bruno Nuytten, contando con la interpretación principal de la actriz Isabel Adjani (mujer del director y también productora) y el actor Gerard Depardieu.

La historia, volvió a las pantallas en una segunda ocasión (2013) de la mano del director Bruno Dumont y fue interpretada por la magnífica Juliette Binoche. En este caso, la película, llena de silencios, se centra en la larga y última parte de su vida, donde la escultora reside en el sanatorio de Ville-Evrard en Montdevergues, en el que es internada  tras la muerte de su padre y donde pasa sus días esperando el regreso de su hermano (Jean-Luc Vincent) y la vuelta al hogar familiar. A pesar de su recuperación y de los ruegos a Paul, tras treinta años de encierro, Camille muere abandonada.

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