Reeducación de raíz

junio 18, 2014 9:46 am0 commentsViews: 129

Reeducación de raíz

Resumen de la charla de Sheij Abdul Haqq Bewley dada en las VI Jornadas Educativas de la Fundación Educativa Al-Ándalus en Granada el 5 de enero de 2014

“Di: ¡Oh vosotros incrédulos que cubrís la verdad! Yo no adoro lo

que adoráis, ni vosotros adoráis lo que yo adoro. Yo no adoraré

lo que vosotros adoráis, ni vosotros adoraréis lo que yo adoro.

Vosotros tenéis vuestro Din y yo tengo mi Din”.

(Surat de Los incrédulos)

Casi todos los musulmanes saben de memoria estas palabras del Corán y muchos las recitan una o más veces al día; y, sin embargo, no son muchos los que reflexionan sobre su significado o constatan la importancia que tienen para la gente de esta época. Pero ¿cuál es exactamente el Din de los incrédulos y qué forma toma en el mundo de nuestros días? El hadiz del Profeta, s. a. w. s.: “Kufr es una Milla, un sistema de creencia”, nunca ha sido más patente que en esta época. El sistema de valores que impera en el mundo en que vivimos se denomina con frecuencia “tradición judeo-cristiana” y, aunque en realidad no tiene casi nada que ver con el judaísmo o el cristianismo en cuanto a religiones, puede decirse sin duda alguna que ha surgido de la civilización basada en estas dos tradiciones religiosas. De hecho, tiene sus raíces en el mundo antiguo y, destruyendo siete siglos de contribución esclarecedora que había tomado sin restricción alguna del mundo de Islam, creó un Leviatán en el interior del mundo judeo-cristiano, el heredero ininterrumpido del imperio de la antigua Roma, que ahora domina en todo el planeta.

La manifestación externa más evidente de este dominio es la deslumbrante supremacía tecnológica que se ha logrado con los avances científicos de los últimos siglos, que han afectado de forma tan crucial a todos y cada uno de los aspectos relacionados con el control y la dirección de la vida humana de nuestros días. Lo que no se percibe con tanta facilidad es que este predominio tecnológico es el resultado directo de una dilatada, y profundamente investigada, tradición filosófica que avala todo lo que ha ocurrido en el mundo moderno. Algunos de los personajes más relevantes de esta tradición son Platón, Aristóteles, Erasmo, Descartes, Hobbes y Kant, aunque, por supuesto, ha habido muchos otros pensadores de importancia entre unos y otros.

El resultado de estos dos milenios de pensamiento ha sido un entendimiento muy particular de la criatura humana, que, hablando en términos generales, puede ser interpretado como un incremento de la subjetividad del individuo y un aumento de la objetividad del mundo que le rodea. Se formuló una imagen fundamental del ser humano que postulaba un dualismo básico mente/materia, espíritu/cuerpo, sujeto/objeto, percepción interna/mundo externo. Y entre cada dualidad había una división clara y absoluta. Según esta definición, el ser humano se había convertido en una mente pensante atrapada en un cuerpo material que contemplaba un mundo extraño de cosas separadas que estaban en el exterior.

La consecuencia inevitable fue el abandono de la visión tradicional de la existencia basada en la Revelación Divina que había perdurado hasta ese entonces y que contemplaba la existencia como un todo unificado. Ahora era remplazada por una perspectiva en la que la ciencia matemática del mundo y sus fenómenos tenía prioridad sobre todo lo demás. Descartes, que era tan científico como filósofo, lo explicaba de la siguiente manera: “podríamos convertirnos en los señores y poseedores de la naturaleza”.  Y Francis Bacon, otro filósofo/científico del siglo XVII, es conocido por su declaración de que “Dios sólo actúa en la naturaleza a través de causas secundarias”.

Isaac Newton, otro científico importante en este desarrollo, escribió una obra, Principia Mathematica, en la que formulaba las leyes de la mecánica y la gravedad y que demostró ser la obra fundamental para el desarrollo de todo el conjunto de la ciencia moderna. Después de Newton, el misterio desapareció del universo. Ahora todo tenía una explicación en términos de fuerzas interactivas, con dependencia mutua, consecuentes consigo mismas en lo interno y sin necesidad de un estímulo externo. Había nacido la era del materialismo científico.

Se introdujo en los sistemas educativos de todas las partes del mundo y podemos afirmar, sin exageración alguna, que hoy en día casi todo el mundo está adoctrinado según estos principios desde el momento en el que nace, de forma que ahora hay muy pocos seres humanos, musulmanes incluidos, que no entiendan el mundo de esta manera. El problema para los musulmanes es que se plantean contradicciones irresolubles entre el entendimiento de la existencia que propone esta visión del mundo y las enseñanzas básicas del Islam. Para empezar, tenemos el rígido dualismo ya mencionado, la inequívoca separación entre sujeto y objeto, entre mente y materia, entre percepción interna y mundo exterior. Cuando esto llega a su conclusión lógica, lleva a una situación en la que la verdadera comprensión del Tawhid, de la unidad esencial de la existencia ─y fundamento absoluto de toda la enseñanza islámica─ se convierte, hablando desde el punto de vista intelectual, en algo imposible de lograr. Los musulmanes han estado sometidos a este proceso de adoctrinamiento, junto con todos los demás, hasta el extremo de poder decir que estamos, en cierto modo, en una situación peor que la de los no-musulmanes porque pensamos que, al tener la declaración del Tawhid en nuestra lenguas, somos, de alguna manera, inmunes a los perniciosos efectos de la visión del mundo científica. Pero en mi experiencia, los musulmanes son tan propensos a verse influidos por sus engaños como los no-musulmanes, y, con frecuencia, más aún. Lo que de hecho se plantea es que la verdad de la ciencia es en cierto modo diferente a la verdad de la religión. En la mezquita y en la asociación de estudiantes islámicos utilizan un lenguaje, y en el aula y el laboratorio otro bastante distinto. La visión del mundo científica está, por necesidad, basada en la frase de Bacon que afirma que Dios sólo interviene en el universo a través de las causas secundarias. Pero el Dios que el musulmán adora en la mezquita es, por definición, el único Actor, sin intermediario alguno, en todos los fenómenos. Estos musulmanes tienen una identidad doble y a menudo ni siquiera lo saben. Como casi todos los demás, el musulmán moderno ha alienado a lo Divino de toda implicación directa en los procesos naturales, que ahora contempla únicamente en términos de causalidad secundaria, y, en consecuencia, no puede ver las cosas tal y como son.

En el año 1927 tuvieron lugar dos acontecimientos que iban a demostrar, de una vez por todas, que el modelo que había prevalecido durante tres siglos, que eran los cimientos inamovibles sobre los que se basaba el mundo moderno, modelo que se había convertido en el fundamento del conocimiento que el ser humano tenía del mundo, era en realidad una descripción deficiente, e incluso falsa, del mundo natural. Estos dos acontecimientos mencionados fueron la publicación de la tesis de Heisenberg sobre el Principio de Incertidumbre y la publicación de la obra maestra de Heidegger Ser y Tiempo.

El resultado final del trabajo de Heisenberg en la mecánica cuántica iba a demostrar de forma categórica que la rígida separación entre el observador humano y el mundo exterior que contemplaba, y sobre lo que se basaba toda la experimentación científica, en realidad no existía.

Lo que quedó sellado por Heisenberg en el mundo de las ciencias físicas lo consiguió Heidegger en el ámbito filosófico. Martin Heidegger; con su publicación de Ser y Tiempo cortó con dos mil años de filosofía para reabrir, como él mismo decía, “la cuestión del ser”. Al hacerlo, redefinió por completo el entendimiento de lo que significa el ser humano. Con Heidegger, el ser humano ya no está considerado como una mente en un cuerpo físico que contempla un mundo separado de cosas que está en el exterior; ahora es Dasein ─que literalmente significa ‘estar ahí─, una fusión compleja de pasado, presente y futuro y el mundo en el que vive. Dicho con otras palabras: los seres humanos ya no pueden ser considerados, en modo alguno, como separados del mundo que los rodea. La dualidad cartesiana es, de hecho, un engaño. Y esto abre, una vez más, el camino hacia una auténtica comprensión intelectual del Tawhid, que estaba excluido de la antigua forma de pensar propuesta por la dualidad cartesiana. Esto es algo que se pone de manifiesto cuando Heidegger insiste en que el ser humano sólo puede volver a la conciencia mediante la búsqueda del significado del Ser-en-sí.

***

Es innegable que se han hecho cambios radicales e importantes en los ámbitos científico y filosófico, pero el problema es que sus repercusiones no han encontrado todavía el camino hacia el sistema educativo, y tampoco han penetrado aún en el nivel general de la conciencia. Esto significa que la desacreditada visión del mundo cartesiana-newtoniana ─lo que ha llegado a ser conocido como modernismo─ sigue enseñándose como la imagen verdadera de lo que es el ser humano y el mundo en que vivimos, y es aceptada como tal por la gran mayoría de la raza humana.  En lo que respecta a los musulmanes, es especialmente dañino por dos razones: en primer lugar, como ya he explicado, la visión modernista ataca los aspectos más fundamentales del Din de Allah, el núcleo mismo de las enseñanzas del Islam ─la comprensión pura del Tawhid─; y en segundo lugar, quizás porque llegaron tarde a la fiesta, los musulmanes estaban deseando tragarse, casi con indecencia, la visión modernista por entero. Deslumbrados por la supremacía tecnológica y el poder de Europa, se permitieron cometer el error de atribuir este retraso a las enseñanzas del Islam y, abrazando sin reservas el sistema educativo occidental, se han deshecho del modelo islámico tradicional y han erosionado los fundamentos sobre los que se asienta la fortaleza del Islam.

Las mentes mejores y los intelectos más brillantes del mundo musulmán, que antes se habrían formado siguiendo la visión del mundo que dictaba el Corán y las ciencias islámicas, han estado sujetas, durante más de un siglo ya, a una educación modernista laica. Por esta razón, es absolutamente imperioso que los musulmanes de hoy en día, que en su mayoría no son conscientes del proceso educativo al que han sido sometidos, se den cuenta de lo sucedido y traten de contrarrestarlo sea como sea. En este contexto, tuvo lugar un acontecimiento, en junio del año 1968, cuya importancia no puede ser lo suficientemente enfatizada: el encuentro entre Ian Dallas ─que pronto sería Shayj Abdalqadir As-Sufi─ y Shayj Muhammad Ibn Al-Habib Al-Amghari Al-Idrisi.

El encuentro entre Shayj Muhammad Ibn Al-Habib y Shayj Abdalqadir As-Sufi conectó el conocimiento del Tawhid tradicional y sin impureza alguna ─la enseñanza central y fundamental del Din de Allah─ con la capacidad renovada de comprenderlo de forma auténtica gracias a la apertura hecha por los recientes descubrimientos sobre la verdadera naturaleza de la materia y del ser humano. Ya desde el principio ha sido esto, y sólo esto, la fuerza impulsora del Islam. Esta creencia rotunda en el poder ilimitado de Allah, sin intermediario alguno ha sido la base de todo el crecimiento del Islam desde ese entonces. Merece la pena subrayar que la debilidad que sufre Islam en los tiempos más recientes ha coincidido con el menoscabo de la integridad de esta creencia al verse los musulmanes expuestos a las doctrinas del materialismo científico, que es la médula misma de la visión del mundo moderna.

Dicho con otras palabras, tenemos que ir hacia delante, hacia el Libro y la Sunna, no regresar hacia ambos. La gente de nuestros días necesita un Islam que se acabe de cocinar, no un Islam recalentado. Tenemos que tener la cosa en sí, no una mera imitación. Ninguna otra cosa servirá.

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