El Profeta Muhammad con sus mujeres como modelo para los musulmanes

septiembre 2, 2013 7:28 pm0 commentsViews: 1149

Mujer musulmana sonriendo

Practicar el Islam, en su forma más sencilla,  es muy simple, pero conocerlo en toda su vastedad es una tarea que difícilmente se completa en toda una vida, sin embargo cuando se quiere saber algo, no es difícil encontrar la respuesta.

Cuando yo me hice musulmana encontraba, a veces, informaciones que pretendían enseñar el Islam, pero que trataban la imagen de la mujer sin respeto ni cortesía. Entonces había muchas cosas que yo no sabía, pero tenía algo realmente claro: Allah no es injusto, Allah es perfecto, Allah no se equivoca. Así pues, el error o la injusticia solo pueden venir de la mano del hombre y de la interpretación que él hace o de su ignorancia.

Así ha sido como con el tiempo he encontrado las respuestas correctas a aquellas informaciones deformadas.

Para comprender los textos del Corán con exactitud, es importante ayudarse con las explicaciones que dan a conocer el contexto y el sentido profundo de los mismos.

Allah, glorificado sea ha dicho en el Surat al Báqara (aleya 228): “Y ellas tienen iguales derechos sobre ellos que ellos sobre ellas de acuerdo con lo que es justo. Y los hombres tienen un grado por encima de ellas”.

Ibn Abbas, que Allah esté complacido con él y con su padre, es uno de los más grandes y respetados comentaristas del Corán. Allah le dio (concedió) el don de comprender con exactitud los significados del mismo, debido a su gran conocimiento y a su cercanía al Profeta Muhammad, que las bendiciones de Allah sean sobre él. Él dijo con respecto a este ayat lo siguiente: “El grado señala la responsabilidad específica del hombre en establecer una convivencia bondadosa (husnil Ishara) y en ser generoso con la mujer en lo referente a la riqueza y a la conducta.

“Es decir −continúa diciendo Ibn Abbas−, que la preferencia consiste en tener mayor paciencia y cargar sobre sí mismo mayor responsabilidad”.

Asimismo, la vida del Profeta Muhammad, s.a.w.s., está llena de referencias para mejorar el trato entre hombre y mujer.  En una ocasión dijo: “Os encomiendo que tratéis bien a vuestras mujeres, pues la mujer fue creada de una costilla (Hadiz narrado por Bujari y Muslim).

Es decir, hombre y mujer son de una misma naturaleza en común; Allah podía haber creado a la mujer de barro igual que hizo con Seydina Adam, alaihim salam, pero de esta manera especificó cuál es la naturaleza de la relación entre (los) esposos. Nadie en su sano juicio se maltrataría a sí mismo, y cuando esto sucede se considera una aberración de la naturaleza o una desviación de la mente.

Sin embargo, el hombre es en muchos casos de naturaleza irritable y violenta y con frecuencia más fuerte que la mujer, y no son raros ni entre los musulmanes ni fuera de ellos los casos en que mujeres son maltratadas por sus propios maridos, no hay más que echar una ojeada a los periódicos del día; pero no es ese el modelo del hombre musulmán. Por el contrario, el mismo Profeta Muhammad, s.a.w.s, dio pruebas con su ejemplo, en más de una ocasión, de que la conducta amable y el trato bondadoso con la propia familia es la prueba de un Imán perfecto.

Dijo: “El mejor de vosotros es el que es mejor con su familia, y yo soy, de todos vosotros, el mejor con su familia”.

Su esposa Aisha, que Allah esté satisfecho con ella, dijo: “El Mensajero de Allah, s.a.w.s., jamás pegó a una mujer ni a un sirviente”. (Ibn Sa’d)

Solía amonestar públicamente a aquellos que obraban mal sin especificar el nombre, para que a la vez que éste tomaba nota, sirviera de enseñanza para los demás, y son muchos los hadices conocidos en los que él, s.a.w.s., acusa a los hombres que maltratan a sus mujeres:

 “¿Cómo puede uno de vosotros, pegar a su mujer como si fuera una esclava y luego abrazarla sin sentir vergüenza?” (Ibn Sa’d).

“La pasada noche, vinieron a mi casa setenta mujeres quejándose de que sus maridos las habían pegado y esos hombres son los peores de nuestra comunidad” (Ibn Sa’d).

El propósito del matrimonio es que la convivencia, con sus momentos dulces y amargos, sirva para reflexionar y hacer mejorar al individuo, hombre o mujer, y el empleo de la fuerza bruta para zanjar los asuntos solo es muestra del dominio de las bajas pasiones y de la incapacidad de resolver los problemas o de intentar evolucionar.

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